martes, 6 de junio de 2006

Japón - Corea del Sur 2002

El primer mundial del siglo XXI fue novedoso en muchos aspectos. La tradicional alternancia que desde 1958 se había mantenido entre los continentes ribereños del Atlántico se rompe y el eje sobre el que gira el planeta fútbol se fue a las antípodas. Parece que la intención de la FIFA era llevar el campeonato mundial de fútbol a un país sin tradición futbolística donde sembrar las semillas de la fiebre por este deporte. Algo parecido pasó con el mundial del 94 y la organización fue impecable. Además, por primera vez se coorganizaba un campeonato de la FIFA. El único antecedente serio era la Eurocopa de dos años antes en Holanda y Bélgica. En efecto, dos países se repartieron sedes y encuentros entre sus territorios. El tema tiene su miga, porque apenas un par de generaciones antes Japón había invadido Corea durante la Segunda Guerra Mundial. Imaginaos un mundial organizado entre España y Francia, con la tirria que les tenemos porque cuando Napoleón nos hicieron la misma, pero que hubiera pasado hace sesenta años.

Hay que reconocerles que organizativamente hablando tampoco dio esto muchos problemas, y la construcción de los 18 estadios nuevos se hizo a tiempo (18 sobre los 20 totales). Haciendo una crítica más global, hay quien habla del mundial más dirigido de la historia sin contar con el de Italia en 1934. Los arbitrajes dejaron bastante que desear, sobre todo los que giraron en torno a una de las selecciones anfitrionas. También se ha hablado del "mundial menos apasionante de la historia", porque si bien siempre es esperable alguna sorpresa, lo que pasó en 2002 no tiene nombre. Claro que esto no es culpa de la organización.

La primera de estas "sorpresas" ya vino en el partido inaugural. Como era tradición, el anterior campeón, Francia, abriría la veda. El 31 de mayo, en Seúl, Senegal ganaba 0-1 a la vigente ganadora del trofeo de la FIFA, que también lo era de la eurocopa. La mejor generación de futbolistas galos hacían el ridículo delante de todo el mundo. Se lo merecían, para bajarles los humos a esos gabachos, pensaron muchos con una leve sonrisa. No podían esperarse los Zidane, Djorkaeff, Thuram, Trezeguet, Henry o Cisse que aquello no había sido un mero espejismo. Tras esta humillante derrota ante la antigua colonia, un empate a cero contra Uruguay y una derrota por 2-0 ante Dinamarca sellaban la peor actuación en un mundial de un vigente campeón: 1 punto y 0 goles a favor. Dinamarca y Senegal pasaban a octavos. Si Francia iba con la etiqueta de vigente campeón, la de "gran favorito para ganar" era la Argentina de Crespo, Verón, Aimar, Simeone, Caniggia o 'Batigol' (hablo de éstos por no hablar de Samuel, Sorín, Ortega, Claudio y Gustavo López, Zanetti o Placente, llevaban buena selección). Alineados con Suecia, Inglaterra y Nigeria, muchos calificaron éste como "el grupo de la muerte". El caso es que las dos selecciones europeas del grupo pasaron por encima de la albiceleste, y aunque la actuación no fue tan mala como la de Francia, tuvieron que comprar los pasajes de vuelta antes de lo que esperaban. El resto de la primera fase no trajo más sorpresas de este calibre: España pasó sin problemas, ganando sus tres partidos; Brasil se deshizo de sus rivales de igual manera en un grupo que no planteaba, a priori, ningún problema. Portugal fue eliminada a las primeras de cambio, pero estaba en el grupo de una de las anfitrionas, Corea, y de USA, cuyo fútbol es emergente. Alemania, con un 8-0 incluido, también pasó como primero de grupo; Italia como segunda, en un grupo en el que el que venía como tercera del mundial, Croacia, cayó al perder contra Méjico y Ecuador (sólo pudo ganar a Italia, inquietantemente). En el último grupo, Japón y Bélgica superaron a Rusia y Túnez.

Los octavos de final comenzaron sin excesivas sorpresas: Alemania e Inglaterra doblegaron respectivamente a Paraguay y Dinamarca; al día siguiente España pasaba en los penalties contra Irlanda y Senegal (que parecía perfilarse como la sensación del torneo) se deshacía de Suecia. Tampoco era "la fin del mundo". En la tercera jornada de octavos Brasil vencía a Bélgica, no convenció, pero venció, que tampoco está mal. En el 'derbi' norteamericano, Estados Unidos le endosaba un 0-2 a Méjico. Las dos selecciones anfitrionas jugarían en el cuarto día. Como era presumible, Turquía, que hizo un gran mundial, eliminó a Japón. Lo de Italia y Corea es otra historia. ¿Podía la organización de un mundial con dos anfitriones 'matar' a ambos en octavos? ¿Podía la organización dejar de aprovechar la increible afición que movió el acontecimiento en el extremo oriente? Parece que la respuesta es un lacónico "no". Un partido que Italia fue ganando desde el minuto 18 fue empatado en el 88 por Corea, que remataría la faena tres minutos antes de terminar la prórroga. Byron Moreno, un árbitro ecuatoriano desconocido hasta entonces, fue culpado por los medios europeos de la eliminación de la 'azurra'. No les faltó razón (claro que como europeo lo mismo estoy influenciado por esos medios).

En cuartos se fue templando la cosa. Podemos decir que dos de los cuatro partidos fueron indiscutibles: Alemania, con otro 1-0 (ganó por el mismo resultado en octavos) eliminó a USA; y Turquía, aunque en la prórroga, le quitaba la piel de cordero a Senegal para ponérsela ella misma. La selección de Sas y Sukur fue, a mi parecer, la que mejor fútbol hizo de las cuatro que pasaron a semis, y lo afirmo sin duda alguna por mi parte. Brasil también pasó, no podía ser de otra manera, mandando a casa a la Inglaterra de Owen, Beckham y Seaman (¿os acordáis de Seaman?). Tampoco deslumbró, aunque el gol de 'Dinho' a Inglaterra es para verlo varias veces. En el último partido, el tercer España Corea en cuatro mundiales, se resolvió de manera vergonzosa. Hablaremos de él más adelante, pero digamos que los de Lee Chun Soo pasaron en los penalties ante una España que empezaba a creerse capaz de hacer algo grande.

El objetivo ya estaba cumplido, por lo que se ve. Uno de los anfitriones estaba en semis, como lo estaba la selección que más camisetas vende en Japón. De rebote, también estaba la otra gran potencia futbolística del planeta y una de las selecciones que mejor sabor de boca habían dejado a lo largo del campeonato. No nos podíamos quejar si no fuera por la cantidad de selecciones que, mereciéndose algo más, habían tenido que pagar por esto con su eliminación. La selección del altivo Kahn 'vengó' a sus colegas de continente, Italia y España, pero tampoco fue de balde. Ballack, autor del gol contra Corea y también del 1-0 contra USA en cuartos, no jugaría la final. Por la otra parte, un Ronaldo peinado a lo "otomano" irónicamente acababa con la esperanza de Turquía de llegar a la final. Aún quedaba tiempo para un último capítulo para la selección turca.

El partido del tercer y cuarto puesto quedó 2-3. Sin embargo, el resultado no demuestra para nada el devenir del choque. A los trece segundos Hakan Sükür marcaba el gol más rápido de la historia de los mundiales. Aunque Corea empató unos minutos después, Tuquía volvió a marcar en el minuto trece. Muchos, con el partido de cuartos aún en la mente, deseábamos la victoria de los turcos. En honor a la verdad, se lo habían merecido. Antes del descanso el 1-3 ya figuraba en el marcador del estadio de Daegu. Con el tiempo ya cumplido, Corea del Sur pudo maquillar el resultado con el 2-3 definitivo.

La gran final, hay que decirlo, era a priori un choque inédito entre las dos mejores selecciones de la historia de los mundiales. Lo cierto es que la selección alemana llegaba sin su buque insignia, Ballack, pero con el que (por alguna razón que no entiendo, antes de la final) había sido nombrado mejor jugador del torneo: Kahn. En cualquier caso, era la peor Alemania desde Argentina 78. Brasil llegó jugando el peor mundial que personalmente recuerdo. En Francia y en USA había sido netamente superior de lo que demostró en 2002. Ganaban encuentros, pero para eso ya estaba Italia. Brasil debería tener la responsabilidad de "jogar bonito", como no se cansan de decir. Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y un eterno Cafú, entre otros, eran su mejor tarjeta de visita. Ahí es nada. La final se concibió mediáticamente como un choque entre Kahn, que había recibido un solo gol en todo el mundial y en primera fase; y Ronaldo, que era el pichichi y estaba a cuatro goles de superar el record de tanto en la historia de los mundiales. Supongo que aún lo tenéis fresco: Brasil ganó 2-0 con dos goles de Ronaldo. La peor Alemania que se recuerda tampoco iba a impugnar un Mundial en el que llegó más lejos de lo que se merecía a causa de los pobres rivales que tuvo enfrente (Irlanda, Camerún, Arabia Saudí, Parguay, USA, Corea). Con el trofeo individual de Kahn y el subcampeonato ya podían darse con un canto en los dientes. Hay quien dice que más que Brasil, la FIFA había vencido en el mundial 2002, y más que Francia, más que Argentina o Alemania, quien había perdido fue el Fútbol.

Mención aparte merece la actuación de España en este mundial. En el anterior, el de Francia, partía como favorita más que nunca y más que nunca fracasó. La pobre imagen dada ante Chipre en la clasificación para la Eurocopa de 2000 llevó a la nación a una reflexión sobre la selección. Quizá no valía la pena ir de favorita a estos campeonatos en los que la suerte tiene mucho que ver. En Bélgica-Holanda se fue como suele: ilusionando en la primera fase en un épico partido contra Yugoslavia y maldiciendo nuestra suerte en cuartos al caer ante Francia con el famoso penalty fallado por Raúl. A Corea se llegaba con impresiones contradictorias. Había un buen grupo de jugadores, pero siempre lo habíamos tenido. Había una figura, Raúl, que no decepcionó. Había materia prima para hacer algo grande. Los nueve puntos sobre nueve de la primera fase hinchó el orgullo herido español. La caída de otros favoritos como Francia o Argentina añadió más leña a la caldera de la ilusión. Cuando en octavos Italia cayó ante Corea vimos claro el camino. Desde donde estaba España hasta la final sólo había dos obstáculos: Una Corea débil en teoría y la peor Alemania que se recuerda, con un Kahn que solía ponerse nervioso ante equipos españoles en la Champions. Si alguna vez tenemos que ganar, ésta es la ocasión era la frase que más se oía esos días en las calles de la Península. La cuenta de la lechera estaba hecha. No habíamos contado con un personaje que sólo conocíamos de vista, del partido contra Paraguay. Gamal Ghandour. Un árbitro egipcio que tenía un linier de Trinidad y Tobago. Un linier que anuló por fuera de juego un gol legal de España y que nos quitó otro por haber traspasado la línea de fondo (cuando en realidad no fue así). Del 2-0 posible llegamos al final de la prórroga con un triste empate a 0. Todos recordamos a Hierro abatido al terminar el encuentro, a Helguera incrédulo gritando al egipcio... Pero nada, al final penalties. Hasta seis días antes España nunca había superado el trance de los lanzamientos desde los 11 metros. La estadística está para romperse, pero quizá en otra ocasión. Joaquín falló el lanzamiento definitivo y apuntamos mentalmente el nombre de Ghandour junto al de Sandor Puhl, Chris Bambridge y Marc Batta. Y es que tenemos una maldición, si España no decepciona por sí sola, otros nos acaban haciendo decepcionar de todas formas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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