martes, 27 de junio de 2006

La Batalla de Santiago

Hace dos días vimos en el partido que enfrentó a Holanda y Portugal un derroche de juego violento, lo que los medios suelen llamar una "batalla campal". El encuentro se saldó con 16 tarjetas amarillas (cuatro de ellas eran la segunda amarilla para algún jugador, con lo que también podemos añadir dos rojas). Costinha y Deco por Portugal y Boulahrouz y Van Bronckhorst acabaron el encuentro desde fuera del terreno de juego (y del banquillo). Es el partido mundialista en el que más tarjetas amarillas se mostraron a lo largo de la historia, pero ni mucho menos el más violento. Si sois fieles a las publicaciones de este blog ya habréis tenido noticia de la Batalla de Berna, que enfrentó a Brasil y Hungría en 1954. Pues bien, ocho años después volvió a darse otro de estos encuentros míticos. Se trata de un partido de primera fase entre Chile e Italia al que, de una manera muy original, se le dio el nombre de "La Batalla de Santiago".

Para los que piensen que la prensa actual calienta los partidos, no debe olvidar que esto es algo ya casi tradicional en este deporte del fútbol. En concreto hablaremos aquí, antes de entrar a valorar el partido en sí, de la publicación italiana Il Resto del Carlino, que fue la que prendió la mecha, pero también habrá que tener en cuenta los periódicos chilenos El Mercurio y El Clarín y la Revista Estadio, del mismo país. El diario italiano, bajo el titular "Santiago, el confín del mundo: La infinita tristeza de la capital chilena", publicaba una crónica de la que reproducimos aquí un estracto:

En vano los chilenos, como para consolar a los italianos, dicen que Santiago se parece a Turín [...] Y ello tal vez para tratar de hacer olvidar la realidad de ésta capital, que es el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del mundo y afligido por todos los males posibles: desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo, miseria...

Esta crónica indignó a los chilenos, y en concreto, a sus medios. El Mercurio la tradujo y la publicó, para crear un ambiente de nacionalismo futbolístico antiitaliano, mientras que El Clarín tituló "Guerra Mundial" un artículo que venía a calentar aún más el ya ardiente ambiente. La Revista Estadio, a su vez, en un editorial sobre este tema, escribió:

Nosotros también vimos la pobreza en el sur de Italia (durante la gira de la selección por Europa), pero preferimos hablar de las maravillas de Venecia y Florencia.

Quizá con la intención de evitar un ambiente extremadamente hostil, los jugadores italianos, al entrar al césped, lanzaron claveles blancos en señal de paz a los aficionados del Estadio Nacional chileno (unos 66.000, dicen las fuentes). Además, el jugador italiano Omar Sivori, de ascendencia argentina, prefirió no jugar ede titular sabiendo a sabiendas de la situación. Comenzaba así el partido.

El partido empezó de una forma bastante rocosa, violenta. Doce segundos se tardó en cometer la primera falta, y siete minutos pasaron antes de la primera expulsión. Fue el italiano Giorgio Ferrini quien había propinado un golpe a Honorio Landa. A pesar de que era merecida, el delantero transalpino se negó a abandonar el terreno de juego, hasta tal extremo que la policía tuvo que detenerlo para sacarlo a la fuerza. Unos minutos más tarde el mismo Honorio Landa cometía otra falta merecedora de amonestación que ni siquiera fue pitada por el árbitro inglés Ken Aston.

En el minuto 38 (hasta ese momento el partido era bronco, con continuas interrupciones del juego por diversas faltas) se dio una curiosa situación. Los protagonistas: Leonel Sánchez (chileno) y Mario David (italiano). El segundo derriba al primero y, estando en el suelo, con el balón entre las piernas, intenta llevarse la pelota dando patadas al balón y, de paso, al jugador. Sánchez, hijo de un boxeador chileno, se levanta y responde con un puñetazo de izquierda al italiano. Aston, aconsejado por uno de los linieres, mejicano, decide no sancionar a Sánchez. Poco después, Mario David, picado, le suelta una patada en la cabeza a Sánchez, y en este caso sí hay una expulsión para él. Así acaba la primera parte.

En el segundo tiempo Chile juega mejor y marca los dos goles que le dan la victoria, pero no acaba ahí la cosa. Humberto Maschio, italo-argentino, sufrió una fractura de tabique nasal, otra vez por una acción de Sánchez que tampoco fue sancionada por Aston. Alberto Fouilloux, chileno, sufre un esguince... ¡al caer sobre un periodista! Se perdería el resto del mundial por esta lesión. El partido termina de una forma que parece resumir los minutos anteriores. En el minuto 90 Landa es víctima de una falta, de la que se deriva una melé donde hay empujones y amenazas. Temeroso de que la cosa fuera a más, y teniendo en cuenta el resultado, el británico Aston da por terminado el partido.

Cuando el partido es retransmitido para Inglaterra (no había vía satélite), el comentarista David Coleman empieza diciendo:

Buenas tardes. El partido que van a presenciar es la exhibición de fútbol más estúpida, espantosa, desagradable y vergonzosa, posiblemente, en la historia de este deporte.

Aston, que fue muy criticado, por su parte, declaró que él No estaba arbitrando un partido de fútbol, estaba actuando como un juez en un conflicto militar. Aston, considerado el mejor árbitro del mundo hasta ese partido, entró en la comisión de árbitros de la FIFA en 1966, presidiendo dicha comisión entre 1970 a 1972. Su aportación más significativa fue, sin duda, la invención de las tarjetas amarillas y rojas. Una asociación británica de árbitros lleva su nombre. La prensa italiana calificó a los jugadores chilenos de "caníbales"... Los efectos de este partido se proyectaron en el futuro, sin duda.

Así que ustedes deciden. "La batalla de Santiago" es considerado por muchos como el partido más violento de la historia de los mundiales. Creo que "La batalla de Berna" tampoco le sigue de lejos, pero ahí está la cosa.

1 comentario:

Rifle dijo...

Los italianos siempre por medio...